El proceso necesario para convertir una imagen en un formato rasterizado (.jpg, .png, .tiff, .gif…) a un formato vectorial (.ai, .fh, .cdr…) se llama vectorización.
Para la mayor parte de técnicas de impresión a gran formato, serigrafía, grabado... es necesario disponer de las imágenes en un formato vectorial.
Las imágenes en formatos vectoriales pueden ser modificadas, por ejemplo en tamaño, sin pérdida alguna de resolución. Por el contrario las imágenes en formatos rasterizados se distorsionan y pierden nitidez al modificar su tamaño. Vea un ejemplo.
Además, una imagen en formato vectorial es más fácilmente editable, permitiendo modificar sus colores, añadir o eliminar elementos de forma más rápida y sencilla.
Existen dos formas de vectorizar imágenes:
En este caso, un diseñador especializado digitaliza la imagen a mano, redibujándola mediante las herramientas apropiadas. Se crean así los nodos y formas necesarias para reproducir la imagen original. El resultado es una imagen con la mayor calidad posible con un mínimo número de nodos y que depende poco de la calidad del archivo original. Este método garantiza que, por ejemplo, el grosor de los trazos será uniforme, las letras tendrán idéntico tamaño, etc.
La mayoría de los programas de diseño gráfico actuales ofrecen la posibilidad de trazar (vectorizar) imágenes de forma automática. El usuario especifica la imagen y una serie de parámetros y el programa genera una imagen vectorial del original. Sin embargo, el resultado depende mucho de la calidad de la imagen original y, en la mayoría de los casos, no presenta contornos suaves ni uniformes. Por lo general, suele requerir mucho tiempo de edición posterior para obtener un resultado similar al de una vectorización manual.
Todas nuestras vectorizaciones se hacen de forma manual.